La Adicción a la Cocaína, una Enfermedad Posible de Curar

La desintoxicación de cocaina, suele ir acompañada con la aparición del síndrome de abstinencia; éste se caracteriza por la experimentación de distintos síntomas que aparecen tras la interrupción o disminución del consumo prolongado de cocaína. El síndrome de abstinencia se manifiesta con respuestas tanto físicas como psicológicas, tales como: depresión, fatiga, irritabilidad, anorexia, agitación, entre otras.

Existen diferentes formas de entender y abordar la desintoxicación de cocaina. Una de ellas, muy difundida y aplicada, considera la desintoxicación como la limpieza de toxinas, es decir, la eliminación de los restos de cocaína del cuerpo. Supone este enfoque que una vez expulsados del cuerpo los restos de la droga, el organismo ya está bien, sólo falta educarlo. Estas terapias no utilizan fármacos y asumen que las alteraciones neurobiológicas causadas por el consumo de cocaína se recuperan mediante la corrección del comportamiento. Para ello suelen aislar al paciente de su entorno social y familiar durante un periodo de meses.

Otra línea terapéutica trata el síndrome de abstinencia con fármacos para disminuir los síntomas y evitar así el malestar. Las medicaciones más comúnmente utilizadas son los tranquilizantes, generalmente benzodiacepinas, los inductores del sueño y los antidepresivos. En muchos casos, se puede crear una nueva adicción a estos fármacos (generalmente tranquilizantes), ya que tienen potencial adictivo en sí mismos. Otro problema adicional de este tipo de desintoxicación, a pesar de ser uno de los más utilizados en nuestros días, es que no tiene como objetivo la mejora de las estructuras cerebrales que se han visto afectadas por el consumo de la cocaína.

Actualmente, existen evidencias científicas, concretamente neurobiológicas, que indican que el consumo de cocaína produce alteraciones en el cerebro.

Estas se pueden observar claramente, a través de imágenes obtenidas mediante técnicas de Medicina Nuclear tal como la tomografía por emisión de positrones (PET) y la resonancia magnética funcional (fMRI), con las que se observa alteraciones en la actividad y la estructura cerebral de los pacientes que consumen cocaína. Estas alteraciones siguen detectándose meses después de haber dejado de consumir cocaína.

Una de las principales alteraciones cerebrales se presenta en el sistema de recompensa cerebral, el cual, en condiciones normales, se encarga de reforzar químicamente los comportamientos relacionados con la supervivencia (comida, bebida, sexo), mediante la liberación de neurotransmisores (sustancias químicas naturales del cerebro), concretamente mediante la liberación del neurotransmisor conocido como dopamina. La cocaína, tiene la capacidad de activar este sistema de recompensa aumentando la actividad de la dopamina, aspecto que se manifiesta como una experiencia de bienestar. Por tanto, cuando una persona consume cocaína, la activación del sistema de recompensa fortalece esta conducta, de manera que el individuo tiende a volver a consumir. En otras palabras, la droga pasa a ser para el cerebro un camino fácil y rápido para satisfacer la necesidad de bienestar; el problema está en que si las sustancias químicas naturales del cerebro se reemplazan por sustancias externas como la cocaína, la producción y funcionamiento de los neurotransmisores se va viendo afectada cada vez más.

La adicción a la cocaína implica, entre otras, una alteración crónica en el funcionamiento del sistema de recompensa cerebral, (que mantiene el hábito negativo del consumo de la droga), específicamente en la cantidad de dopamina liberada, presentándose un desequilibrio neuroquímico.

Las alteraciones a nivel cerebral mencionadas hasta el momento, no son las únicas, pero sí las más importantes. Teniendo en cuenta estos cambios, es primordial en el proceso de tratamiento, además del manejo del síndrome de abstinencia, la reparación o recuperación de las estructuras y sistemas cerebrales que se han visto afectados negativamente por el consumo de cocaína. Persiguiendo este propósito, se han desarrollado una nueva línea de tratamientos avanzados de desintoxicación, también conocidos como tratamientos de neuroadaptación o neurorregulación, los cuales dan un paso más allá de los tratamientos tradicionales.

Los tratamientos de neuroadaptación, mediante la recuperación de neuronas y los sistemas que conforman, ayudan a restablecer funciones cerebrales que se han visto alteradas por el consumo de cocaína, tales como: capacidad de atención, conciencia, concentración, toma de decisiones, memoria, valores morales, etc., permitiendo que el individuo actúe de manera más reflexiva y estable. De igual manera, estos tratamientos previenen la aparición del síndrome de abstinencia -depresión, fatiga, irritabilidad, agitación, etc.-, así como del ansia o deseo de consumir, sin producir sufrimiento en el individuo.

Este tipo de intervención de neuroadaptación, además de combinar dos aspectos relevantes como son la intervención farmacológica y la psicológica, tiene la ventaja que al recuperar estructuras cerebrales a través de los medicamentos aplicados, facilita la rehabilitación psicológica predisponiendo positivamente al individuo para la misma.

La fase inicial de la intervención farmacológica, suele hacerse mediante una estancia hospitalaria breve (de 3 a 5 días) en la que se suministran por vía oral e intravenosa, los medicamentos apropiados para cada caso en particular, después de una evaluación y diagnóstico exhaustivos, tanto físicos como psicológicos.

La intervención farmacológica facilitará la recuperación de las áreas afectivas y cognitivas o de pensamiento, que se habían visto afectadas por el consumo de cocaína, aspectos que permitirán que el individuo tenga una mejor disposición y capacidad reflexiva durante la intervención psicológica. Esta última, se hace de manera ambulatoria y se inicia inmediatamente después de la estancia hospitalaria; va acompañada de una pauta farmacológica que se va disminuyendo paulatinamente.

El tratamiento psicológico permitirá mantener los efectos positivos obtenidos a partir de la medicación recibida y servirá como elemento clave en la prevención de recaídas; abordará diferentes áreas y necesidades de la persona (por ejemplo, familiar, social, laboral, etc.), además de tratar el problema de consumo. De igual manera, se clarificarán conceptos falsos sobre la adicción y se promoverán cambios positivos de actitud y de estilo de vida.

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